Bienvenido

Te abrimos las puertas de nuestra Parroquia. Descubrir nuestra fe, participar en nuestras actividades y  formar parte de nuestras iniciativas es nuestra invitación. Nos alegraría que aceptaras  para compartir nuestro camino de esperanza y que formaras parte de nuestra creciente familia .

TABLÓN DE ANUNCIOS

Hemos comenzado las obras de la Fase VIII de la restauración del interior de  nuestro Templo Parroquial en la fecha prevista. Estamos llenos de ilusión con este proyecto que, entre todos, llevaremos adelante. Retornarlo a su belleza original es un reto importante para nuestra comunidad parroquial y para nuestro pueblo. ¿Te imaginas todo el Templo en el formato de la cúpula? Todo un espectáculo que podremos disfrutar. Para ello necesitamos de tu colaboración económica. Colabora con la restauración de nuestra Parroquia. Sólo tienes que hacer clic en el enlace anterior y conocer las distintas posibilidades de colaboración. En nombre de nuestra Parroquia y de Moguer... muchas gracias. 

Confirmación de adultos

Comenzaremos las catequesis de adultos el próximo día 1 de junio. Las catequesis serán ocho sesiones (del 1 al 4 y del  8 al 11). Está prevista la celebración de la Confirmación de adultos para el día 17 de junio, miércoles, a las 20:30 h.

LA ORACIÓN DE LA SEMANA

TIEMPO ORDINARIO

«Hay quien distingue unos días de otros y hay quien considera que todos son iguales; que cada cual siga sus propias convicciones. El que se preocupa de observar un día, se preocupa por causa del Señor; el que come, come por el Señor, pues da gracias a Dios; y el que no come, no come por el Señor y da gracias a Dios. Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor. Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos».

El Tiempo Ordinario no es un “tiempo neutral” ni meramente rutinario. Es un período en el que la Iglesia celebra el misterio de Cristo “en su totalidad”, especialmente los domingos, con una cadencia semanal que recuerda continuamente el centro de la fe. La tradición litúrgica describe el Tiempo Ordinario como un tramo del año en el que no se celebra “un aspecto particular” del misterio de Cristo, sino que se honra el misterio de Cristo mismo “en su plenitud”, sobre todo en los domingos. En el calendario romano comienza el lunes posterior al domingo que cae después del 6 de enero, y llega hasta el martes antes de Cuaresma (inclusive). vuelve a empezar el lunes después de Pentecostés y termina antes de las primeras Vísperas del primer domingo de Adviento. 

Un punto clave para entenderlo es la estructura de las lecturas. En los domingos y ferias del Tiempo Ordinario se aplica un principio de lectura semicontinua: se recorren libros bíblicos en secuencia, omitiendo algunas partes por razones pastorales. Por eso, el Tiempo Ordinario no se organiza por “temas” propios de cada domingo. En los textos oficiales se explica que los compiladores del Leccionario rechazaron la idea de asignar un tema fijo y adaptar las lecturas a ese esquema, porque la liturgia celebra ante todo el misterio de Cristo, y el modo de escoger la Escritura busca proclamar el Evangelio y conducir a la plenitud de la verdad, no necesidades “lógicas o extrínsecas”.  Así, el “hilo” no es un concepto que se repite, sino la persona de Cristo, porque el Año litúrgico mantiene una unidad y continuidad internas también en este tramo del calendario. 

La comprensión profunda del Tiempo Ordinario se apoya en el domingo: cada semana el cristiano entra en el misterio de Cristo como una forma de celebración semanal de la Pascua. El resultado es una espiritualidad que no “encierra” la fe en momentos extraordinarios: el discípulo aprende a escuchar y seguir al Maestro en la vida diaria, viendo la realidad cotidiana como un momento salvífico, no como un compartimento separado.

Además de la Misa, la liturgia de las Horas participa con su propio ritmo: durante el Tiempo Ordinario se usa una división del salterio en cuatro semanas, con lecturas, respuestas, antífonas e invocaciones. En la Misa, el Misal ofrece formularios para los domingos y ferias del Tiempo Ordinario. Para los domingos, ordinariamente se usa la Misa correspondiente al número del domingo, salvo que coincida con una solemnidad o fiesta.

En una frase:

El Tiempo Ordinario enseña que la fe cristiana se vive en continuidad: no por saltos, sino por una escucha persistente de la Escritura y por una incorporación cada vez más profunda del misterio de Cristo “hasta que todo sea finalmente llevado a plenitud en Cristo”.

 

"La torre de Moguer de cerca, parece una Giralda vista de lejos".

La torre de la Parroquia de Nuestra Señora de la Granada en Moguer es una joya mudéjar revestida de barroco, famosa por la frase de Juan Ramón Jiménez.  Destaca por su esbelta silueta, visible desde la lejanía del paisaje onubense, evocando la estructura de la famosa torre sevillana.

 

Nuestra historia

Tras la reconquista de la ciudad por la Orden de Santiago, y su posterior entrega como señorío, se construye la primitiva iglesia mudéjar, con características constructivas similares a la iglesia del Monasterio de Santa Clara. Esta iglesia, tenía unas dimensiones menores que la actual, ubicándose en la superficie rectangular delimitada entre las actuales puertas laterales de entrada, hasta la torre en el frontal de la iglesia, aunque con un cierto giro respecto a la actual. Disponía de tres naves, capillas y dependencias auxiliares.[5]

El descubrimiento de América tuvo un impacto extraordinario en el contexto social y económico de Moguer, y muy en particular en su parroquia, una de las instituciones más beneficiadas por la emigración de los moguereños. De las aproximadamente 77 capellanías fundadas en el XVI en esta iglesia mayor, un gran número fueron instituidas directamente por indianos y por parientes de residentes moguereños en Indias, que escogieron la iglesia parroquial como lugar de enterramiento.

Ubicación primitiva iglesia sobre planta actual.

Entre los indianos que fundaron capellanías nos encontramos con las dos del capitán Pedro Montes Doca, cuya lápida sepulcral aún se conserva junto al umbral de la puerta principal; las dos del arcediano de Cuzco Juan Alonso Cota; o las de Fray Francisco Ruiz, dominico residente en la ciudad de Los Reyes (Perú), Juan Vanegas, fallecido en Panamá, Antón Quintero, fallecido en la isla de Santo Domingo; Francisco Ruiz Tirado, fallecido en Panamá; la de Catalina Rodríguez la Ximona, fallecida en Yaguana, isla de Santo Domingo; la de Pedro Benítez Camacho, rico propietario con hacienda en la ciudad de La Plata: o la de Alonso Ruiz de Abrego, residente también en la ciudad de La Plata (Perú). Todos ellos dotaron sus capellanías en la parroquia de Moguer con fuertes sumas de dinero enviadas desde las Indias. Otros envíos y donaciones de moguereños ausentes en diversas partes del continente americano sirvieron para enriquecer la hacienda y el patrimonio artístico de la parroquia, e incentivar igualmente la economía de su numeroso clero.

En el embellecimiento de la primitiva parroquia trabajaron artistas de renombre: los retablos de las capillas del Arcediano y de Antón García Vanegas fueron realizados por Juan de Oviedo, Pedro de Villegas y Juan de Saucedo, obras contratadas en 1575 y 1577 respectivamente; el retablo mayor con la imagen de la Virgen de la Granada, como titular, iniciado por Miguel Cano y concluido por los hermanos Ribas (sustituido en 1783 por un baldaquino de Tomás Santizo[6]​), y una amplia relación de objetos artísticos acumulados durante siglos: pintura, imaginería, orfebrería, ornamentos, patrimonio documental, la sillería del coro tallada en caoba, el espléndido órgano situado en la cabecera detrás del templete, los catorce retablos barrocos distribuidos por el templo, etc; que fueron expoliados, destruidos o desaparecidos con el saqueo de las tropas francesas en marzo de 1810, las desamortizaciones, y sobre todo la guerra civil de 1936.

En el siglo XVIII, tras los importantes daños sufridos por el terremoto de Lisboa de 1755, fue reconstruida sobre los restos de la antigua iglesia mudéjar del siglo XIV, pese a que en un primer momento se procedió a la restauración del edificio original. Según se desprende del informe emitido por Pedro de San Martín, maestro mayor de obras del Arzobispado de Sevilla, después de visitar el edificio en abril en 1756, se estima el coste de las reparaciones en 22.500 reales de vellón. El arzobispo de Sevilla, teniendo presente la futura división de su archidiócesis de Sevilla en la zona, y el peso socioeconómico del municipio en ese momento, encargó a Pedro de San Martín (maestro mayor de obras del arzobispado), la construcción de una catedral, como futura sede del obispado que debía surgir en la zona.[5][7]​   

"Siento la parroquia como mi casa. Dónde encontrarme con Dios y sentirme en paz. Donde practicar mi Fe".

Isaac Cumbreras

"Siempre encuentro paz y consuelo en sus misas. Las homilías son inspiradoras y el ambiente comunitario, muy entrañable".

Juan Pérez

"Mis hijos disfrutan mucho de la catequesis y las actividades para jóvenes. Es fundamental para su crecimiento en la fe".

Ana López

"La Parroquia de Ntra. Sra. de la Granada ha sido un verdadero faro de luz para mi familia. Su acogida y el apoyo espiritual son inigualables".

María García

"Siempre encuentro paz y consuelo en sus misas. Las homilías son inspiradoras y el ambiente comunitario, muy entrañable".

Juan Pérez

"Mis hijos disfrutan mucho de la catequesis y las actividades para jóvenes. Es fundamental para su crecimiento en la fe".

Ana López